(Discurso pronunciado por Jonathan A. García Nieves en el Acto Conmemorativo del Centenario del Natalicio de don Arístides Calvani, “Apóstol de la Democracia y Canciller de la Paz”, en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)
Madrid, 28 de febrero de 2018.
Excelentísimo Sr. Don Juan Velarde Fuertes, Presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; y demás miembros de esta ilustrísima corporación académica:
Distinguido Dr. Román J. Duque Corredor, Presidente de la Comisión para la Celebración del Centenario del Natalicio de Don Arístides Calvani; y demás miembros de dicha comisión:
Distinguidos embajadores Francisco Gerbasi y Erick Becker:
Distinguido Dr. Eduardo Fernández, Presidente del Instituto Internacional de Formación y Políticas Públicas “Dr. Arístides Calvani” (IFEDEC):
Distinguido Dr. Wilhelm Hofmeister, Director de la Fundación Konrad Adenauer para España y Portugal:
Distinguido Dr. Carlos Sarmiento Sosa, ex Presidente de la Federación Interamericana de Abogados:
Distinguido Dr. Enrique Iglesias, ex Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo:
Distinguidos familiares y amigos de don Arístides Calvani, y demás público presente:
Muy buenos días a todos.
Mediante Real Decreto firmado por Isabel II de España en fecha 30 de septiembre de 1857, a esta Real Academia le ha sido encomendada la muy encomiable tarea de "cultivar las ciencias morales y políticas"1: aquellas ciencias dedicadas al estudio del comportamiento del hombre en sociedad, cuya expresión más organizada se encuentra en la Comunidad Política.
La antropología filosófica de Aristóteles, concibió al hombre como un “zoon politikon” (como un “animal político”); ello en referencia a que la persona humana tiende a relacionarse con sus congéneres en comunidades ordenadas bajo ciertos dispositivos de mando y obediencia, esto es, en comunidades políticas.
Para Aristóteles, el hombre, gregario por naturaleza, es también político por naturaleza; pero no por ello estaría dotado de un sentido moral de manera innata.
Según la visión aristotélica, el sentido moral del hombre sólo iría adquiriéndose progresivamente mediante la vida en sociedad; ya que, como consecuencia de su condición, el hombre iría haciéndose más sociable con el transcurso de su vida.
Por el contrario, para la Antropología Teológica Cristiana el sentido moral, si bien tiene particular despliegue y repercusión en la dimensión relacional del hombre, esto es, en las relaciones con sus congéneres; no se adquiere con el transcurso de la vida social, sino que es innato, propio e inmanente a la naturaleza humana; porque se basa en la Ley Moral Natural: ley de carácter universal, precedente y unificante de todo derecho y deber; que no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en el hombre por su Creador, y gracias a la cual podemos intuir el bien y el mal (lo que se debe hacer y lo que se debe evitar), aun antes de explorar y desarrollar nuestra dimensión social.
No obstante, conforme a las enseñanzas del Magisterio Social de la Iglesia Católica, es preciso tener presente que ese sentido moral innato al hombre, no implica que la sociabilidad humana comporte automáticamente la comunión de las personas entre sí; esto es, el don, la entrega amorosa de unos a otros en procura del Bien Común. Ello debido a que, por la soberbia y el egoísmo, el hombre descubre en sí mismo “gérmenes de insociabilidad, de cerrazón individualista y de vejación del otro”. 2
Es así, entonces, que sólo “…por amor al bien propio y al de los demás, (…) el hombre se une en grupos estables que tienen como fin la consecución de un bien común”3.
De tal manera, la comunión entre las personas –deseable en todos los ámbitos de la dimensión relacional del hombre, incluida la Comunidad Política- si bien es prescrita por nuestro sentido moral innato; para su efectiva concreción requiere de una indispensable apertura amorosa hacia el prójimo y su bien:
“Amarás al prójimo como a ti mismo.” 4
Es por ello que, para lograr una comprensión más adecuada del fenómeno constituido por la politicidad inmanente al hombre, se requiere abordar aspectos de la naturaleza humana, que mal pueden ni deben ser reducidos al objeto de estudio de la Ciencia Política, de la Sociología, de la Psicología Social o de la Antropología; sólo por mencionar algunas ciencias de necesario aporte en el tema.
En este orden de ideas, cabe resaltar que para la Antropología Teológica Cristiana, el hombre es un ser pluridimensional: existe y se relaciona como un ser indivisiblemente bio-psico-social-espiritual en todas sus dimensiones (personal y social, corporal y espiritual, histórica y trascendente); y precisamente por ello, la política se ve esencial e ineludiblemente impactada por múltiples factores; no todos los cuales pertenecen a las dimensiones corporal e histórica del hombre (al mundo de lo visible), sino también a sus dimensiones espiritual y trascendente (al mundo de lo invisible).
En este sentido, muy bien afirmó S.S. Juan Pablo II que “La dimensión teológica se hace necesaria para interpretar y resolver los (…) problemas de la convivencia humana”, tanto en el ámbito social, como el económico y el político. 5
En la clasificación de las ciencias, la Teología pertenece a las ciencias de la cultura. Y específicamente la Teología Moral Social –que es la naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia- es ciencia moral que, desde su particular perspectiva, aborda la conducta del hombre en los ámbitos político, social y económico. Razón por la cual sus postulados se enmarcan dentro del objeto de cultivación encomendado a esta ilustrísima Academia, por el ya mencionado Real Decreto isabelino:
"…cultivar las ciencias morales y políticas".
Justo la pasión por esta rama del conocimiento (la Teología Moral Social), así como su ferviente compromiso de vida para con sus postulados, marcaron la vida y obra del ilustre venezolano cuyo centenario del natalicio nos encontramos hoy conmemorando: nuestro Arístides Calvani, hombre cuya espiritualidad y entrega por el prójimo en el ejercicio de la acción política, le ganaron superar con creces la categoría aristotélica del “zoon politikon” (del animal político), para encarnar una mucho más sublime y conforme con la dignidad humana, que me atrevo a denominar como el ‘homo caritatis politicae’ (hombre de Caridad Política); ello con inspiración en el magisterio de S.S. Pio XI, quien en 1927, al referirse a la actividad de quienes se dedican al campo político, acuñó el concepto de Caridad Política como “el campo de la más vasta caridad, (…) la caridad de la sociedad”. 6
Para Arístides Calvani, la política distaba mucho de ser “el arte de lo posible”: aquella tristemente famosa definición, insinuante de que la política nada tiene que ver con la moral. Para él –para Arístides Calvani- la política sólo podía ser concebida como el arte de lo justo y lo correcto en procura siempre del Bien Común.
Para Arístides Calvani, los principios y valores debían inspirar siempre la acción política, ya que para él –como buen humanista cristiano- la política debía pensarse y ejecutarse siempre desde la perspectiva del Bien Común: principio revelador del carácter anti-ético de las conductas acomodaticias al poder y al interés personal, antes que al interés social: al Bien Común.
Don Arístides Calvani –bien llamado “Apóstol de la Democracia y Canciller de la Paz”- fue siempre un luchador incansable por el anuncio y la propuesta de un Humanismo Integral y Solidario para un nuevo orden social, económico, político e internacional; respetando siempre el pluralismo ideológico, y procurando siempre la Justicia Social y la unidad de los pueblos.
En sus intervenciones como Canciller de la República Venezuela ante la Asamblea General de las Naciones Unidas –reconocidas como auténticas cátedras de ética política en el concierto internacional- Calvani anunció las ideas de Justicia Social y de Bien Común internacionales; y también denunció los terribles desequilibrios y desigualdades entre países desarrollados y subdesarrollados; desequilibrios éstos que, aunados a las ambiciones geopolíticas y a los poderíos bélicos, han sustentado hegemonías de corte económico e ideológico aún hasta nuestros días.
Y precisamente en medio de ese inicuo escenario internacional por él denunciado, Calvani trabajó incansablemente por la paz; y ese trabajo dio gran fruto, cristalizado y palpable en la pacificación de aquella convulsionada Centroamérica de las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado; lo cual le hizo un auténtico “bienaventurado” conforme a las palabras de Jesucristo:
“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. 7
Al preparar estas palabras –abrumador compromiso para mi persona- sentí la necesidad de tomar plena consciencia de la ilustrísima institución que hoy nos honra en recibir; y ello me condujo al encuentro de su misión y valores.
“Verum, Justum, Pulchrum”: son éstos los tres vocablos latinos inscritos en el escudo de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Ellos, en su conjunto, representan la inspiración y el ideal de esta magnífica corporación académica; y ellos, también en su conjunto, parecieran retratar el alma y la vida pública de nuestro muy insigne compatriota venezolano, prohombre de la Democracia y de la Solidaridad Internacional en el siglo XX: don Arístides Calvani.
Verum (verdadero), según la Real Academia de la Lengua Española: “Que dice siempre verdad”.
Justum (justo): “Que obra según justicia y razón”.
Pulchrum (pulcro): “Esmerado en la conducta y el habla”.
Precisamente, estas tres son virtudes humanas y cristianas que –en grado heroico- practicó don Arístides Calvani a lo largo de su vida, tanto pública como privada; y justamente estas tres virtudes –entre tantas otras- fueron valoradas para motivar la apertura de su causa de beatificación.
Y es que el Dr. Calvani hizo de la prédica de la Verdad, su apostolado; de la práctica de la Justicia, su norma de vida; y de la Pulcritud, su impronta moral en el mundo de la función pública, de la política, de la diplomacia, de la academia; pero también en el ámbito de su familia.
No en balde su señora esposa (doña Adela Abbo de Calvani) es también su consorte en el proceso de beatificación abierto para ambos.
Mi persona no tuvo la dicha de coincidir con el Dr. Calvani en la dimensión espacial –no llegué a conocerle en vida-; pero sin duda que he tenido la oportunidad de conocerle a través de la pasión magisterial de algunos de sus discípulos del Humanismo Cristiano en Venezuela, que –a su vez- fueron mis formadores. Y también le he conocido a través de sus obras (teóricas y fácticas): como jurista y catedrático del Derecho Laboral, que supo exponer y defender la común dignidad personal de patronos y trabajadores; como diplomático artífice de la ansiada paz del sub-continente centroamericano; como filósofo del Bien Común y la Justicia Social internacionales; como político de profundo raigambre humanista cristiano; como maestro e inspirador de generaciones de protagonistas de la vida pública venezolana, formados desde 1962 en el instituto que muy merecidamente lleva su nombre (el Instituto Internacional de Formación y Políticas Públicas “Arístides Calvani” –IFEDEC-).
Exactamente así es como he conocido a un auténtico Apóstol de Jesucristo en el mundo contemporáneo: a través de la Caridad Política impregnada en su pensamiento y obras; lo cual –al menos para mí- resulta prueba fehaciente de la trascendencia de la persona humana, y de que parte de esa trascendencia se cristaliza en los frutos que, por el Bien, la Paz, la Justicia y la Libertad; dejamos para las generaciones futuras.
“Por sus frutos los conoceréis”. 8
Al echar una mirada a los actuales sufrimientos de nuestra amada patria venezolana, no podemos menos que entender que “la mies es mucha” 9: que tenemos una libertad por reconquistar, una democracia por restablecer, una paz por recuperar; y –¿por qué no reconocerlo?- también tenemos un específico sector político que, por perseguir toda disidencia y por comportarse como nuestro más acérrimo ‘enemigo’, representa para nosotros el más grande reto de pureza en la fe cristiana:
"Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan." 10
Para todo ello, no hay otra opción que ser dóciles al mismo Espíritu que impulsó a Arístides Calvani a hacer su obra por la Caridad Política; dóciles a ese mismo Espíritu que nos impulsa al encuentro con el prójimo –sin distingo de amistad- en procura del Bien Común. Ello sin perder de vista que, parafraseando a San Josemaría Escrivá 11:
No es en la línea del horizonte donde se unen el cielo y la tierra, sino en el corazón del hombre cuando, viviendo su vida ordinaria, practica santamente la Caridad Política.
MUCHAS GRACIAS.
JONATHAN A. GARCÍA NIEVES
Presidente del Instituto de Formación Socio-teológica “Rerum Novarum”.
Miembro de la Comisión para la Celebración del Centenario del Natalicio de don Arístides Calvani
REFERENCIAS:
[1] http://www.racmyp.es/academia/historia.cfm
[2] Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 150.
[3] Ibídem.
[4] Mt. 22: 39.
[5] Carta Encíclica Centesimus
Annus, 55.
[6]
http://www.infocatolica.com/blog/elolivo.php/la_caridad_politica
[7] Mt. 5: 9.
[8] Mt. 7:16.
[9] Lc. 10:2.
[10] Mt. 5: 44.
[11]
http://www.es.josemariaescriva.info/articulo/amar-al-mundo-apasionadamente