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domingo, 17 de mayo de 2020

DEMOCRACIAS DE COLOMBIA Y ECUADOR PLANTAN CARA A LA “PRIMAVERA LATINOAMERICANA”


Por: Jonathan A. García Nieves


Durante el último trimestre de 2019, el subcontinente sudamericano se ha visto  sacudido por una escalada de estallidos sociales altamente conflictivos y con fuertes episodios de violencia. Estos sucesos se han producido, casi simultáneamente, en Ecuador, Chile y Colombia; y su desarrollo ha hecho sospechar que no se trate de eventos aislados, ni mucho menos espontáneos, sino de una sucesión de acontecimientos orquestados por factores con interés en generar desestabilización política en la región.

Las protestas en cada uno de los países afectados, han tenido sus particulares detonantes, como lo han sido la eliminación de subsidios, el alza de precios y el rechazo a la corrupción administrativa. No obstante, las circunstancias en que se han producido tales protestas, tienen al menos dos puntos en común, a saber: la expresión de descontento social ante medidas o modelos económicos implementados por gobiernos críticos al Socialismo del Siglo XXI (proyecto político-ideológico instaurado por Hugo Chávez y sus aliados latinoamericanos), y la existencia de graves indicios de injerencia de las dictaduras cubana y venezolana, mediante la infiltración de agentes encubiertos entre los manifestantes.

En el caso de Ecuador, una oleada de violencia callejera estremeció a este país durante la primera quincena del pasado mes de octubre; ello como protesta por la eliminación de un subsidio a los combustibles. La protesta, que generó la muerte de al menos 6 personas, hizo que el presidente Lenín Moreno se viera en la necesidad de trasladar su gobierno desde la capital de la República (Quito) hasta la ciudad de Guayaquil; y terminó forzándolo a la derogar el correspondiente decreto, a fin de procurar la pacificación del país.

Colombia, que también ha sido alcanzada por esta ola de manifestaciones callejeras, está siendo campo de protestas contra las políticas económicas y sociales del gobierno de Iván Duque, desde el pasado 21 de noviembre.

Con ocasión del VIII Gabinete Binacional colombo-ecuatoriano, celebrado el pasado 11 de diciembre de 2019 en la ciudad de Cali (a unos 300 km al suroeste de Bogotá), los presidentes Duque y Moreno han aprovechado para plantar cara a este fenómeno que ha estado asediando las democracias de la región, y que ya empieza a ser conocido como “la primavera latinoamericana”.

En el encuentro, ambos gobernantes acordaron estrechar lazos binacionales en pro de la defensa y fortalecimiento de la institucionalidad democrática de la región; y en su declaración final, que también abordó aspectos de seguridad, defensa e integración fronteriza, entre otros; ambos mandatarios enfatizaron en la renovaron su compromiso de apostar por la cooperación y la integración como espacios para el diálogo y la concertación regional.

El presidente Lenín Moreno, al referirse al derecho constitucional a la manifestación pública, señaló que las protestas podrían estar legitimadas; pero, al mismo tiempo,  aludió a factores desestabilizantes que estarían infiltrados en las mismas.

[Este tipo de manifestaciones] "se tornan peligrosas cuando se filtran en ellas enemigos de la democracia y la paz”, señaló Moreno.

Asimismo, al invocar los límites democráticos y constitucionales del derecho a la protesta, Moreno enfatizó en que “hay una línea roja que no hay cómo atravesar, en la cual se busca desestabilizar al Gobierno, en la cual se agreden a las personas, se les lesiona físicamente".

Cabe destacar que distintos gobernantes, dirigentes y analistas políticos han manifestado sospechas de que la “primavera latinoamericana”, habría sido orquestada por las dictaduras de Caracas y la Habana.

El presidente ecuatoriano expresó que los brotes de violencia han sido provocados por "fuerzas extrañas a la paz, a la seguridad y a la libertad" y cuyos autores ya fueron "identificados".

A ese grupo no le interesa el avance de los pueblos, su único interés está en mantener agendas políticas", señaló Moreno.

Por su parte, el presidente neogranadino, Iván Duque, al coincidir con las apreciaciones de Lenín Moreno, invocó la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA), como instrumento para defender la institucionalidad amenazada en el continente.

"La democracia en nuestra región debe ser siempre preservada y fortalecida. No en vano tenemos una Carta Democrática Interamericana que defendemos, nos inspira y nos motiva", declaró el gobernante colombiano.

Al igual que Moreno, Duque reconoció el deber de todo gobierno en cuanto a escuchar el clamor popular y respetar las protestas pacíficas; pero destacando que éstas deben producirse dentro del marco constitucional, “porque la violencia solamente busca deteriorar la democracia y las libertades de los ciudadanos". Asimismo, condenó a quienes se habrían infiltrado en las protestas ciudadanas con la finalidad de procurar la desestabilización política de la región.

"Han pretendido pescar en río revuelto y aprovecharse de las expresiones genuinas de la ciudadanía para tratar de incidir con violencia para que se muten a la violencia", aseveró el presidente colombiano.

Ante este escenario, resulta oportuno tener presente que la manifestación pública y pacífica es un derecho político fundamental en todo sistema democrático; y que los factores externos que estarían soliviantando a los manifestantes de estos países sudamericanos, serían precisamente los dos regímenes más represivos del continente americano: las dictaduras de Cuba y Venezuela.

En circunstancias como estas, nos permitimos invocar y complementar las sabias palabras del eminente filósofo y político francés, Alexis de Tocqueville: “Los problemas de la democracia, se resuelven con más democracia”; nunca con la migración hacia sistemas políticos que, con ofertas populistas, inician seduciendo a las mayorías desfavorecidas, para luego mostrar su verdadero rostro, que no es otro que el totalitarismo opresor del hombre y supresor de toda libertad ciudadana.

La democracia no es un sistema perfecto, pero sí perfectible. Ningún otro sistema político garantiza un hábitat tan propicio para el respeto de la dignidad y derechos inherentes a la persona humana. Algunos pueblos olvidan esta realidad por un momento, y ello puede ocasionarles muy duros y prolongados períodos de opresión y sufrimiento; tal como ha ocurrido a la nación venezolana, cuya democracia se suicidó en diciembre de 1998 con la elección popular de un militar golpista (Hugo Chávez), cuyo proyecto político siempre tuvo por objetivo la extinción de la democracia, para instaurar una dictadura inspirada en el castro-comunismo. Las consecuencias, que son hoy historia viva, invitan a todo el pueblo latinoamericano a  atender y entender las palabras de Juan Pablo II en su carta encíclica Centesimus Annus:

La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica”.

Madrid, 20 de diciembre de 2019.

ACNUR PREVÉ QUE REFUGIADOS Y MIGRANTES VENEZOLANOS ALCANZARÁN LOS 6,5 MILLONES PARA 2020.


Por: Jonathan A. García Nieves 

Así lo señaló Eduardo Stein, representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en su intervención de este lunes 28 de octubre de 2019, en conferencia internacional que está teniendo lugar en Bruselas, con ocasión de la crisis humanitaria generada por el régimen castro-comunista de Venezuela.

ACNUR ya ha reconocido que, en la actualidad, la cantidad de refugiados y migrantes venezolanos alcanza los 4,5 millones; por lo que el incremento para el próximo año será de un será de un 44,4 % con respecto a 2019; alcanzando los 6,5 millones, lo que representa un poco más de una quinta parte de la población de ese país caribeño. Sin duda, se trata de una diáspora sin precedentes en el continente americano.

El representante de ACNUR, refiriéndose a la tragedia del pueblo venezolano, aseveró que "No hay visos de que la crisis migratoria vaya a terminar, y la vulnerabilidad de la población aumenta"; y, asimismo, señaló que se trata de una "crisis que hace peligrar la estabilidad regional", por lo que "es acuciante la necesidad de una respuesta coordinada y avalada por la comunidad internacional".

Este evento ha sido organizado por la Unión Europea junto con la ONU –a través de ACNUR- y la Organización Internacional para las Migraciones; con el fin de llamar la atención de la comunidad internacional y, así, procurar apoyos para la solución –o al menos la paliación- de esta grave crisis humanitaria por la que atraviesa Venezuela: país que, hasta antes de la llegada de Chávez al poder, fuera considerado el más próspero de América Latina; y cuya democracia llegó a ser la más estable de toda la región entre 1958 y 1999.

La conferencia durará un par de días, y no pretende la captación de donantes, sino la sensibilización de la comunidad internacional, sobre la dramática situación de los refugiados venezolanos y la problemática que representan para los distintos países de receptores; entre los que destacan Colombia con 1.300.000 de acogidos, Perú con 768.000 y Chile con 288.000.   

En el mismo evento, Filippo Grandi, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, alertó acerca del apoyo que ameritan tanto los más de 4,5 millones de refugiados venezolanos dispersos por el mundo, como los países de acogida, la mayoría de los cuales se ven superados en sus capacidades de respuesta ante una crisis de semejante magnitud.
Queremos crear conciencia sobre la gravedad de esta crisis, queremos confirmar e incrementar el apoyo internacional para una respuesta regional y coordinada", expresó la Alta Representante de Política Exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini.

Según el Gobierno Español, representado por el ministro de Asuntos Exteriores, en funciones, Josep Borrell; en los últimos dos años España ha destinado 14 millones de euros a esta crisis humanitaria, y la Unión Europea un total de 117 millones.

En este contexto, resuena la voz profética del Magisterio Social de la Iglesia Católica, que interpela las conciencias de la siguiente manera: “La Comunidad Internacional en su conjunto tiene la obligación moral de intervenir a favor de aquellos grupos cuya misma supervivencia está amenazada o cuyos derechos humanos fundamentales son gravemente violados. Los Estados, en cuanto parte de una Comunidad Internacional, no pueden permanecer indiferentes; al contrario, si todos los demás medios a disposición se revelaran ineficaces, «es legítimo, e incluso obligado, emprender iniciativas concretas para desarmar al agresor». El principio de la soberanía nacional no se puede aducir como pretexto para impedir la intervención en defensa de las víctimas.

Madrid, 29 de octubre de 2019.

CRISIS DIPLOMÁTICA ENTRE GOBIERNO DE EL SALVADOR Y RÉGIMEN DE NICOLÁS MADURO


Por: Jonathan A. García Nieves

El Gobierno de El Salvador ordenó la expulsión de la representación ‘diplomática’ del régimen de Nicolás Maduro en ese país, y emplazó a sus integrantes a abandonar territorio salvadoreño en lapso de 48 horas.
Según documento emanado del despacho del presidente Nayib Bukele este sábado 02 de noviembre, la decisión fue tomada como un acto de coherencia en la política internacional de su gobierno; el cual forma parte de los 54 países que reconocen a Juan Guaidó como presidente constitucional de Venezuela, luego de que Maduro pretendiera quedarse en el poder para un segundo período de 6 años, tras unos comicios considerados fraudulentos por la oposición venezolana y por gran parte de la comunidad internacional.
Entre los gobiernos y organismos internacionales que desconocen a Maduro como presidente de Venezuela, se encuentran la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos (OEA), los Estados Unidos, Canadá; Reino Unido, Alemania, Francia, España, Portugal y la inmensa mayoría de países de Iberoamérica.

El documento oficial del Gobierno Salvadoreño expresa que la medida es cónsona con el voto que ese país centroamericano emitiera en la sesión de la OEA el pasado 28 de agosto, cuando la mayoría de países de ese organismo continental, votaron en apoyo al informe de la alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet; informe éste en el que "se admitió y certificó que el régimen de Nicolás Maduro realiza violaciones sistemáticas a los derechos humanos contra los venezolanos".

Al mismo tiempo, el gobierno de Bukele señala que reconoce la legitimidad del presidente encargado, Juan Guaidó, hasta tanto se realicen elecciones libres, en concordancia con la Constitución venezolana.
"En un futuro cercano, el gobierno salvadoreño espera la recepción de credenciales de la nueva representación diplomática de Venezuela", se añade en el comunicado.
El texto concluye expresando que El Salvador "apoyará votaciones libres, supervisadas por la comunidad internacional y que garanticen la voluntad del pueblo hermano de Venezuela".
La reacción del régimen usurpador de Nicolás Maduro no se ha dejado esperar; y, al día siguiente del comunicado salvadoreño, declaró como personas non-gratas a los miembros del cuerpo diplomático de El Salvador en Venezuela, exigiéndoles abandonar territorio de ese país en lapso de 48 horas.
Soslayando el peso político de los restantes países y organismos internacionales, que se han pronunciado en contra de la usurpación y en pro de la realización de elecciones libres en Venezuela; la cancillería de Maduro, respondió arremetiendo exclusivamente contra los Estados Unidos y el gobierno del presidente Bukele: "Las autoridades salvadoreñas no procuran otra cosa que suministrar un exiguo balón de oxígeno a la menguante estrategia estadounidense de intervención y bloqueo económico contra en pueblo de Venezuela", "Bukele asume oficialmente el triste papel de peón de la política exterior estadounidense".
Internacionalmente, Maduro cuenta con el apoyo de los gobiernos de Rusia y China, ambos con grandes intereses económicos en Venezuela. Asimismo, tiene el respaldo de Turquía, Irán, Cuba, Nicaragua, Bolivia y de los países miembros del Movimiento de los No Alineados (MNOAL), en su mayoría integrado por gobiernos de Asia y de África; países éstos, gracias a cuyos votos el régimen de Maduro fue elegido recientemente como miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU; muy a pesar de que ese mismo organismo global, a través de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos (Michele Bachelet), emitiera un informe en el que quedó plasmada la sistemática violación de derechos humanos por parte del referido régimen, y en virtud del cual fuera solicitada una investigación contra Venezuela.
Todo parece apuntar a que los países que apoyan al régimen de Nicolás Maduro, privilegian sus intereses económicos y geopolíticos, así como su tendencia ideológica; sin importar la dignidad humana mancillada y vilipendiada por una tiranía cuyas atrocidades están plenamente documentadas en informes de la ONU.
Las grandes inversiones chinas y rusas, realizadas en suelo venezolano por su ‘amistad’ con Hugo Chávez; recursos naturales valiosos y estratégicos como el coltán y el uranio –por no hablar de petróleo y gas- y una ideología marcadamente anticristiana como lo es el Socialismo del Siglo XXI; mueven los hilos de los apoyos al régimen de Maduro.
Posiciones como la del gobierno de El Salvador hacen creer en una comunidad internacional realmente solidaria, más humanista; capaz de anteponer la dignidad de la persona humana y de los pueblos, por sobre cualquier otro interés; haciendo resonar las enseñanzas del Catecismo de la Iglesia Católica: “…la solidaridad internacional es una exigencia de orden moral; la paz del mundo depende en gran medida de ella” (No. 1941).

Madrid, 08 de noviembre de 2019.

ECUADOR RECIBE AYUDA DE JAPÓN, PARA ATENDER CRISIS DE REFUGIADOS VENEZOLANOS


Por: Jonathan A. García Nieves

 

Producto de una alianza de cooperación internacional, Ecuador contará con 3,2 millones de dólares (equivalentes 350 millones de yenes japoneses), aportados por el gobierno nipón, con la finalidad de atender las necesidades alimentarias de los ciudadanos venezolanos que han debido refugiarse en ese país sudamericano, a causa de la grave crisis humanitaria generada tras 20 años de “Revolución Bolivariana”.
Con estos recursos financieros, el gobierno del presidente Lenín Moreno obtiene un significativo apoyo internacional, que permitirá la ejecución de un plan de asistencia alimentaria con una duración de cuatro meses, entre diciembre de diciembre de 2019 y marzo de 2020, y el cual beneficiará a los refugiados venezolanos en estado de vulnerabilidad.
Según el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana del Gobierno de Ecuador, el aporte nipón fue formalizado el pasado miércoles 27 de noviembre de 2019, mediante suscripción de las respectivas notas diplomáticas entre la Embajada de Japón en Ecuador y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), que es la agencia  de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para la distribución de alimentos a personas desplazadas y refugiados de larga duración.
Estos recursos vienen a incrementar el fondo de cooperación financiera no reembolsable, denominado “Garantía de Ayuda Alimentaria para la Crisis Migratoria de Venezuela en Ecuador”, y serán canalizados a través del PMA; razón por la que el canciller ecuatoriano, José Valencia, agradeció la valiosa colaboración de las partes cooperantes, que apuntalan al Ecuador en su capacidad de respuesta como uno de los mayores receptores de refugiados venezolanos en esta crisis que afecta toda la región.
La gestión del programa estará a cargo del PMA, y se materializará mediante la entrega de cupones para la obtención de alimentos, por un importe de 25 dólares, que serán entregados a la población más vulnerable entre los refugiados venezolanos; y también incluirá la provisión de insumos a comedores comunitarios, así como kits de emergencia en dos puntos fronterizos con Colombia (Rumichaca y San Miguel) y otro con Perú (Huaquillas), los cuales suelen ser utilizados por los venezolanos en sus desplazamientos –muchas veces a pie- hasta Ecuador, Perú y Chile.
El representante del PMA en Ecuador, Mario Touchette, informó que el programa será ejecutado en 14 de las 24 provincias del país y, al mismo tiempo, destacó que su financiamiento será exclusivamente con recursos provenientes de la cooperación internacional.
Esto ayuda, y mucho, a los esfuerzos del gobierno de Ecuador por procurar que la migración venezolana en nuestro país sea segura”, destacó el canciller ecuatoriano.
Según información del gobierno ecuatoriano, en los últimos años, a raíz de la grave crisis humanitaria que el régimen de Nicolás Maduro insiste en negar; en su travesía desde Venezuela, atravesando Colombia y con destino a Perú y Chile, han pasado por Ecuador más de 1,5 millones de desplazados venezolanos; de los cuales unos 400.000 se han asentado en ese país.
El presidente Lenín Moreno, como parte de su política migratoria ante una crisis de refugiados que supera las capacidades de su gobierno, dictó un decreto ejecutivo mediante el cual establece la necesidad de una visa humanitaria para los ciudadanos venezolanos, que deseen ingresar a Ecuador desde el pasado 26 de agosto. Y, asimismo, dispuso la realización de un censo de estos refugiados, y la regularización de su estatus migratorio mediante concesión de visa humanitaria de carácter temporal.
En la actualidad, el pueblo venezolano se dispersa por el mundo, alcanzando una diáspora que, según cifras de ACNUR, alcanzará los 6,5 millones de personas en los próximos meses.
En medio de estas duras circunstancias, los venezolanos migrantes nos sabemos amados por Dios; y parte de ese amor nos lo prodiga a través de Su Iglesia, cuyo magisterio social acerca de los refugiados enseña que éstos “se ven obligados a huir de los lugares donde viven habitualmente, hasta encontrar protección en países diferentes de donde nacieron. La Iglesia muestra por ellos un especial cuidado, no sólo con la presencia pastoral y el socorro material, sino también con el compromiso de defender su dignidad humana: «La solicitud por los refugiados nos debe estimular a reafirmar y subrayar los derechos humanos, universalmente reconocidos, y a pedir que también para ellos sean efectivamente aplicados».” (Compendio de a Doctrina Social de la Iglesia, No. 505).

Esta y toda otra crisis de refugiados, representa para el pueblo cristiano una ocasión para la caridad, y muy especialmente una oportunidad para reconocer en el migrante el rostro de Cristo vivo, que nos interpela: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me acogisteis”. (Mt. 25: 35).

Madrid, 04 de diciembre de 2019.